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Dos semanas en EA Campus

Llevo solo dos semanas viviendo en Madrid, aunque parece que hubiera pasado un mes. No sé si eso es algo bueno o malo. También llevo más de una semana posponiendo actualizar el blog. No me malinterpretéis, tenía ganas de escribir, pero no estoy segura de cómo ordenar todo lo ocurrido hasta ahora.

El 16 de abril empecé el curso/prácticas de formación en Electronic Arts como tester lingüístico,  bautizado este año como EA Campus. En total, somos 40 participantes, divididos en dos turnos de media jornada (mañana y tarde). En conjunto, somos un grupo bastante heterogéneo. A decir verdad, rompió muchas de mis primeras expectativas: ni todos son traductores, ni todos son hardcore gamers y ni todos son estudiantes. No obstante, la combinación de distintos perfiles y personalidades es algo que, sin duda, enriquece la dinámica del grupo.

El primer día, al entrar en las oficinas, era fácil adivinar las ganas e ilusión de todos por empezar el curso: ¿cómo eran las oficinas por dentro? ¿Quién nos enseñaría? ¿Probaríamos algún juego? ¿Quiénes eran nuestros compañeros? Quizá era la predisposición del primer día, pero fue bastante positivo percibir también la cercanía y motivación por parte de la propia empresa.

Algunas chucherías del primer día

El EA Campus es mi segunda experiencia en prácticas, pero me atrevería a decir que nada tiene que ver con las anteriores. Mis compañeros y yo tenemos la suerte de matar dos pájaros de un tiro: estamos adquiriendo formación práctica y, además, trabajando en algo que nos gusta. Para mí, ha sido un antes y un después en lo que a la localización de videojuegos se refiere. Había investigado sobre el tema en distintos libros y artículos en la red, pero no es hasta que trabajas en un entorno real que adquieres esa visión sobre la magnitud y dificultad del proceso. Había leído cómo la localización de videojuegos implica dominar ambos idiomas, conocer tu propia cultura, el factor creativo, etc. Sin embargo, ser un tester lingüístico no es lo mismo, ni implica las mismas funciones. Por supuesto, ayuda tener las mismas cualidades que un localizador, pero son papeles distintos.

No negaré que, desde fuera, parece un papel bastante atractivo: para ser sinceros, a mí también me gusta la idea de testear videojuegos y, encima, cobrar por ello. También he escuchado la opinión contraria: el tester es el último mono eslabón del proceso y, en la jerarquía de desarrollo de un videojuego, hay profesionales mucho más importantes que él o ella. Y, en parte, es cierto: no estás creando un videojuego pero sí participas en las últimas fases del lanzamiento del mismo. Debes ser proactivo y analítico a la hora de buscar soluciones, y, por supuesto, responsable a la hora de tomar decisiones. Aprobar o corregir errores recae, en última instancia, en el  propio criterio del tester. Dicho de otro modo, el tester lingüístico debe dar el visto bueno a la localización de cierto producto. Y, creedme, eso implica responsabilidad también.

Por otro lado, he tenido la oportunidad de desvirtualizar a traductores: mi compañera de piso, Maria Solà (@mariasola85) e Irene Marinas (@sanirameneri); así como conocer a otros no-tan-virtualizados (y ya que tanto se habla del tema, aprovecho para decir: sí, existen y trabajan). Por fin he podido entender parte del sentimiento que muchos transmiten de sus experiencias en conferencias, congresos y quedadas traductoriles. No solo he ganado amistades, sino también aprendido muchísimo sobre la profesión. Compartir ese tipo de experiencias es, sin duda alguna, algo que no se obtiene en ningún curso o aula universitaria.

¡Seguiremos informando!

¿Es siempre mejor la lengua materna?

Soy de las que piensa que con un Kindle (o cualquier otro lector de libros digital) se lee más. Aun así, por pereza o cansancio, llevaba tiempo sin encenderlo antes de irme a la cama. Lo mismo ocurre con el blog: solo lo disfruto cuando traspaso la barrera mental de enfrentarme a la pantalla en blanco. Antes de eso, soy capaz de inventar un millón de excusas para no asomarme, ni de reojo, al panel de administrador (esa odiosa práctica conocida como procrastinar). En cualquier caso, ayer decidí romper el ciclo y continué leyendo Is That a Fish in Your Ear?, del que ya hablé en esta entrada. Al cabo de un rato, mientras luchaba contra el efecto de ojos persiana, me topé con una idea que me llamó especialmente la atención:

… Such experiences can easily lead you into a barely conscious, self-comforting persuasion that your language alone is the one in which real meaning is to be found. But however great the service that a clarifying, explanatory translation of a foreign text may provide, we should always resist the false conclusion that the target language—whatever language it is—is “better” at expressing this or that kind of thought.

¿Creéis que vuestra lengua materna es siempre la mejor para expresar ideas? Para mí suele ser un dilema a la hora de escribir. Igual es el resultado de exponerme más a un idioma que a otro, pero no puedo evitar pensar que proyecto voces muy distintas en español e inglés. Es lo primero que me planteé a la hora de crear este blog, hasta que finalmente me decanté por escribir en español. Debo admitir que, desde que comencé, ha sido un proceso de «redescubrimiento» de mi propia lengua. La primera versión de mis entradas (escritas casi siempre a la ligera, a modo de borrador) suelen tener una redacción curiosa, por así decirlo. Noto muchísimos adverbios innecesarios o rodeos para expresar una única idea. Igualmente, noto cómo algunas frases no se acaban de leer del todo bien por estar proyectadas, en principio, en otro idioma. Más que bilingüismo, probablemente se trate de aquellos que algunos llaman deformación profesional.

A decir verdad, no fue hasta que me senté a escribir este blog cuando me di cuenta de lo necesario que es seguir practicando la lengua materna. Aunque últimamente se habla de la proliferación de los blogs como herramientas de marketing, creo que también son un ejercico excelente de revisión de nuestras lenguas de trabajo (y desahogo mental, todo sea dicho). Como traductores, transmitir ideas e información en otro idioma (normalmente, en nuestra lengua materna) implica no solo extraerlo de la lengua origen, sino también tener la capacidad y conocer los recursos necesarios para expresarlo correctamente en la lengua meta. Creo que es relativamente fácil perder el contacto con nuestra lengua materna y menospreciar el papel que llevan a cabo la lectura y escritura en el día a día del traductor.

Y vosotros, ¿cómo os mantenéis en contacto con vuestras lenguas de trabajo? ¿Habéis notado alguna vez la balanza más inclinada hacia uno u otro?

Máster sí, máster no

Es curioso: el año pasado, fui la primera en defender a capa y espada que cursar un máster nada más acabada la carrera era una pérdida de tiempo (y dinero). Como ya viene siendo habitual, tuve que tragarme mis propias palabras cuando en octubre del mismo año me matriculé en el Máster de Comunicación Internacional, Traducción e Interpretación de la Universidad Pablo de Olavide. Acabadas las clases, pensé en redactar una entrada, pero no sabía muy bien qué aspectos tratar para abordar la experiencia a nivel académico, profesional y personal. En pocas palabras, he de admitir que ha acabado siendo más enriquecedor de lo que me esperaba en todo y cada uno de estos aspectos. Aun así, sigo manteniendo mi postura inicial hasta cierto punto. Entonces, ¿qué me impulsó a cursar un máster?

La principal razón fue la necesidad de reinventarme profesionalmente. Tener un perfil lingüístico de inglés no era mala forma de empezar, pero no me sentía del todo cualificada. Admito que, en general, trabajo mejor bajo presión: no fue hasta bien entrado septiembre cuando me di cuenta de que era hora de actuar. Investigué varias opciones y, finalmente, descubrí un máster con un completo perfil profesionalizante. Tuve suerte de poder matricularme a tiempo, la verdad.

Planead con antelación Planead con antelación
Seáis o no estudiantes de último año, mi consejo es que os planteéis esta serie de cuestiones lo antes posible, estudiando toda y cada una de las opciones disponibles. Es importante, sobre todo, que seáis capaces de responder a lo siguiente:

¿Qué me aporta un máster? ¿Qué me aporta un máster?
Si pensáis en un máster como una extensión obligatoria de la carrera, replantead vuestras opciones. En mi caso, me ha servido para introducirme paulatinamente al mundo de la Traducción e Interpretación y, aun así, creo que me hubiera quedado corta de haberme conformado con asistir a todos y cada uno de los módulos. ¿Qué quiero decir con esto? Un máster no es la panacea, ni te abrirá automáticamente las puertas al mercado laboral. Sin embargo, sí puede ayudarte a profundizar conocimientos y plantearte salidas profesionales que antes desconocías.

Formación y plan de desarrollo profesional a partes iguales Formación y plan de desarrollo profesional a partes iguales
Con todo y con ello, en especial en el mundo de la Traducción, es importante mantener una actitud proactiva y constante: he aprendido muchísimo en clase, pero también he adquirido información muy valiosa estando en contacto con otros traductores y profesionales en Internet, ya sea a través de Twitter o de sus blogs. Dicho de otro modo, el tiempo e inversión que le dediques a tu plan de desarrollo profesional tendrá igual (incluso más) peso que tu formación.

Ahora que puedo dar por finalizada esta primera etapa, da comienzo otra que estoy ansiosa por empezar: las prácticas (long time no see, Mundo Real!). Tras adoptar el «chip» del traductor, estoy dispuesta a embarcarme en proyectos y explorar distintos sectores para seguir perfilándome como tal. El primero de estos proyectos será en Madrid, asistiendo al curso de formación de testers lingüísticos de EA (EA Campus) organizado por la Fundación Universidad-Empresa.

A preparar las maletas de nuevo, se ha dicho.

Found in translation

Voy a hacer un inciso y cambiar la tónica que ha tenido mi blog hasta ahora. No sé si habrá sido producto de cierta reflexión al observar algunos de mis blogs favoritos, pero echaba algo en falta. Sea como sea, voy a tomarme la licencia de redactar una entrada personal, sin ningún tipo de pretensión en mente. Soy la primera en defender, a capa y espada, un balance equilibrado entre contenido personal y «profesional»; irónicamente, también he sido la primera en no cumplirlo. ¡Qué difícil es aplicarse el cuento!

Esta mañana me propuse echar la vista atrás. Mi memoria a largo a plazo no es algo de lo que pueda alardear; sinceramente, me ha llevado un buen rato localizar el momento que desencadenó la ola de eventos y casualidades que me condujeron hasta aquí. A decir verdad, es probable que no sea del todo exacto. En cualquier caso, ignoremos la cronología por un rato.

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