Tag Archives: Personal

De vuelta, o reflexiones de una nómada

De vuelta, o reflexiones de una nómada¿Ya has vuelto?

Sí, por voluntad propia. Tenía cierto recelo a admitirlo abiertamente: he estado estos últimos 5 meses trabajando en dos empresas en Dublín y, por alguna razón, no puedo evitar pensar que no ha sido una fecha redonda, que todo parece haber pasado demasiado rápido y que he vuelto antes de lo que debería. Nunca he sido una persona que tomara decisiones a la ligera, aunque la tendencia últimamente me ha obligado a tomar decisiones difíciles a contrarreloj. No obstante, si algo he aprendido en estos últimos dos años, es que estar en el momento y lugar adecuados no es solo cuestión de suerte. En ocasiones, perseguir una oportunidad significa tirarse a la piscina sin estar del todo seguro si vas a tocar fondo. Mudarse de un sitio a otro (ya sea a nivel nacional o internacional) en tan cortos periodos de tiempo puede conllevar cierto desgaste emocional, pero quiero pensar que merece la pena. Aunque suene muy trillado: quien algo quiere…

Como iba diciendo, hasta hace poco me invadía cierto sentimiento de culpa. ¿Qué hago volviendo al ojo del huracán? ¿Han servido de algo estos 5 meses? Rebobinemos un poco.

  • He pasado cinco meses trabajando en el extranjero cuando no parecía haber una alternativa mejor a mi alrededor. En ese sentido, me alegro de haber aprovechado el tiempo aunque no haya sido un periodo excesivamente largo.
  • He tenido la oportunidad de trabajar en dos empresas relacionadas con la industria de los videojuegos desempeñando distintas labores como traductora y tester, respectivamente. CULTURETRANSLATE me permitió afianzar mi experiencia como localizadora y Activision a refrescar conocimientos de testeo de localización. Cada trabajo en plantilla es un mundo y toda experiencia siempre tiene sus más y sus menos, pero en ambas ocasiones he logrado aprender algo, tanto a nivel profesional como a nivel personal. Trabajar como traductora en plantilla es tener seguridad a fin de mes, beneficiarte de la enseñanza de compañeros con mayor experiencia que tú y aprender a ser paciente cuando tus ocho horas laborales no están plagadas de trabajo. Lo admito: en esto último, me llevo un suspenso.
  • No todo es el trabajo. Mudarse a otro país implica dejar atrás lo conocido y saber adaptarse a una nueva forma de vivir. Gracias a ello, he tenido la oportunidad de conocer un país y empaparme de una nueva cultura, he viajado y fotografiado paisajes impresionantes a mis anchas, he conocido a un puñado de gente interesante y he ganado algo de perspectiva.

¿Es un fracaso? No. ¿Podría haber pasado más tiempo? Imagino que sí. No obstante, como ya os dije, opino que las oportunidades hay que cazarlas en el momento adecuado, aceptando los sacrificios que ello conlleve. Al principio, no hay ninguna otra fórmula mágica. De hecho, resulta imposible trazar un camino en línea recta.

Así que, aquí estoy: otro verano en Madrid, decidida a seguir aprendiendo y trabajando por lo que me gusta, persiguiendo proyectos y aprendiendo cada día un poquito más de la industria.

Y dentro de otros cinco meses, ya veremos.

¡Feliz verano a todos!

Ya no estamos en Kansas…

We're not in Kansas anymore!Lo sé, lo sé, he dejado un poco abandonado este blog. Aunque no era mi intención, me he dejado llevar por el caprichoso tiempo irlandés y sus infinitos paisajes verdes. Me he sumergido en una nueva cultura y, al mismo tiempo, me ha servido para reconectar con algunas aficiones que había dejado de lado, como la fotografía.

No sé si estaré en la llamada etapa de «luna de miel» de los inmigrantes, pero no estoy mal del todo. Asentarse en un país y adaptarse a un trabajo nuevo no es un camino de rosas, requiere mucha paciencia y esfuerzo. Sea como sea, algo tengo claro: ya no estoy en Kansas.

Sobre el trabajo, he pasado de ser tester de localización a traductora. Como os podréis imaginar, las tareas desempeñadas en sendos puestos no tienen demasiado que ver. A veces, echo de menos la primera por trabajar más en contacto con el contexto; otras veces, agradezco la libertad de la segunda. Por lo que he podido comprobar, el nivel de responsabilidad de ambos varía muchísimo de empresa a empresa. En algunos casos, la última palabra la tiene el tester; en otros, el traductor. Aun así, si hay un factor común que he podido trasladar de una oficina a otra es el ambiente multicultural: la gran mayoría de los empleados no son nativos de la isla (muy LOSTiano, lo sé). Paradójicamente, ese ambiente te hace sentirte más en casa.

Aun así, trabajar como traductora en plantilla tiene sus ventajas e inconvenientes. Las ventajas son obvias: seguridad económica, horario predefinido, trabajo en grupo (seis ojos ven más que dos)… Los inconvenientes, probablemente, resulten menos obvios: muchas horas libres, falta de acceso a algunos materiales y una confusa jerarquía empresarial.

Lo dicho: no es mi intención abandonar este blog. Solo he descrito una pincelada de mi corta experiencia de dos meses. Si os interesa saber más sobre la vida en Irlanda, os invito a visitar mi blog personal.

¡Nos leemos pronto!

Próxima estación: Dublín

No sé muy bien por dónde empezar. Diría que este último mes ha estado plagado de incertidumbre y, sobre todo, de altibajos (no, no me han diagnosticado nada). No ha sido hasta hace apenas una semana que he llegado a divisar la luz al final del túnel. Ya fuera de forma autónoma o en plantilla, tenía claro mi objetivo: continuar obteniendo experiencia en localización.

 Todavía me parece curioso el gran peso que se le atribuye a la suerte. Lo mencioné en su momento y lo sigo pensando:  la suerte es necesaria, pero rara vez aparece en el sofá de casa. Labrar tu propia suerte no equivale únicamente a postularte a infinitas ofertas de trabajo; también tienes que saber moverte por tu cuenta. Me refiero a moverse en sentido figurado y literal. Para empezar, sería muy egoísta de mi parte no mencionar a la cantidad de gente a la que he «molestado» en el último mes y que, a cambio, me han respondido con ánimos, información y ayuda cuando hacia falta. Gracias a mis compañeros de EA, a Yedra, a Álvaro, a Joan

Por otro lado, si hay algo que he aprendido y que se aplica sobre todo a la industria de los videojuegos, es que hay que estar en el momento y lugar adecuados. Esto último siempre requiere tomar decisiones difíciles y hacer sacrificios pero, como se suele decir, todo esfuerzo se ve recompensado tarde o temprano, incluso de la forma que menos imaginamos.

Las casualidades también son un factor curioso a lo largo del camino. Son esos detalles que se salvan como anécdotas de la historia, pero sin los cuales no llegaría hasta aquí. Casualidad es que mi hermano me avisara sobre el EA Campus hace un año y que, a partir de ahí, reconsiderara mi trayectoria profesional. Casualidad es ver un mensaje en Facebook sobre una posible oferta de empleo y contactar con la responsable sin pensártelo dos veces, aun cuando parecías tener asegurada otra oferta de empleo (no fue así). A veces tendemos a simplificar las cosas con solo conectar los puntos y echar la vista atrás. Dentro de esas casualidades, no incluyo la decepción de los procesos de selección que, por alguna razón u otra, se quedaron en el tintero (o no surgieron, simplemente). Tampoco menciono la inseguridad económica y laboral que me atrapaba día sí y día también. Aun así, decidí seguir apostando por lo mío.

Y, por fin, la recompensa: me marcho a Dublín a trabajar como traductora en plantilla en una empresa especializada en localización de videojuegos. A nivel profesional, será una experiencia que me reportará muchísimo y que, de forma directa o indirecta, podría derivar a más oportunidades e ideas en el futuro. Hoy es mi último día en casa (aunque quién sabe lo que significa eso, a estas alturas) y, a falta de una frase menos cliché, mañana es el comienzo de una nueva etapa. Comienzo a pensar que asentarse en cualquier lugar es un lujo hoy en día. Aun así, lo miraré por el lado positivo: es una circunstancia que me ha permitido conocer nuevos lugares y personas. Además, es una etapa que abordo con muchísima ilusión y ganas de aprender.

Es un viaje que, con total seguridad, será difícil al principio. Aun así, tengo la suerte de no estar sola. Hablaba antes de casualidad. Casualidad es también mencionar tu mudanza en Twitter y, acto seguido, estar en contacto con otra traductora que vive en Dublín y que se ha ofrecido a ayudarte sin pestañear. Mudarse a otro país es un paso emocionante e intimidante al mismo tiempo. No es mojarte los pies; es tirarte a la piscina. Quieres estar preparado para lo que está por venir, pero, a la hora de la verdad, no tienes ni la más mínima idea de lo que va a suceder. No obstante, estar en contacto con personas «del otro lado» ha ayudado a aliviar la carga muchísimo (¡gracias a América e Irene por resolver mis [infinitas] dudas!)

Y, dicho esto, es hora de hacer las maletas (en sentido figurado, claro está. Me conozco y sé que no empezaré hasta el último minuto).

¡Nos leemos desde el otro lado!

Cosas que aprendí en un año (y otras «realidades» de la traducción profesional)

No es año nuevo, pero sí hace casi un año que empecé este blog. No puedo decir que no esté sorprendida de que siga escribiendo. Aun así, lo que más sorprende son los cambios: cómo los temas pasan a ser más especializados e incluso personales; cómo no se trata tanto de investigar temas nuevos, sino de plasmar la experiencia propia y cómo se hace cada vez más difícil mantener un ritmo decente de actualizaciones (no todo iba a ser bueno).

Plasmar mi propia experiencia es algo que me resultaba aterrador al principio (he de admitir que todavía escribo con cierto recelo). Aun así, el propósito de esta entrada es enumerar -a modo de resumen- algunas de las «realidades» (subjetivas, como siempre) con las que me he topado a lo largo de este año, el de la tan ansiada transición de las cuatro paredes universitarias al Mundo Real™, exento de paredes y de la satisfacción (o desilusión) de un expediente académico. No ha sido fácil adaptarse. De hecho, me queda muchísimo por aprender.

Universidad ≠ Mundo Real™

Los estudiantes parecen seguir dispuestos a atravesar un camino peligrosamente recto. Primero carrera,  luego máster, ¡hasta doctorado! Lanzarse al Mundo Real™ no es fácil, pero ampararse en los estudios no es la mejor alternativa. Reconozco que yo misma fui la que comenzó un máster acabada la carrera. Me lo planteé como una segunda oportunidad, en la que podría aprender algo que siempre había querido estudiar. Por otro lado, reconozco que también me aterraba mi propia perspectiva al futuro: vacía, sin ideas.

Probablemente esto surgiera a raíz de una falta de planificación por mi parte. En los años de licenciatura, me preocupaba por rellenar un cupo de créditos y, de vez en cuando, mirar el expediente. No me gustaba pensar más allá de eso porque sabía la respuesta. Sabía que con estudiar y tener un buen expediente no iba a ser suficiente.

En parte, estoy contenta de haber cursado el máster. Me ha introducido a un mundo que apenas había tenido oportunidad de profundizar durante los años de carrera. Aun así, vi que volvía  repetirse lo mismo: estaba asentando una serie de bases teóricas de distintas ramas de la traducción y poco más.

Trayectoria profesional

Muchas veces, por curiosidad, ojeo los términos de búsqueda con los que los lectores llegan a este blog. Hay algunos que son para enmarcar, pero otros siguen describiendo la misma realidad que os digo. Los términos de búsqueda estrella son, sin duda: «¿sirve para algo un máster?» y «empleabilidad del traductor». Mi punto de vista:

  • Un máster puede convertirte en la persona más preparada del mundo  y abrirte los ojos hacia nuevos mercados, pero la empleabilidad es algo que tienes que trabajarte por cuenta propia (nunca mejor dicho).
  • La empleabilidad consiste, entre otras muchas cosas, en trazar tu propia trayectoria profesional. Aprende a vender tus servicios. Si no quieres que tus títulos sean manteles de mesa, empieza a trabajar en ello desde ya. Al fin y al cabo, tu único punto de venta no puede basarse en un título (o veinte). Piensa en tu currículo como traductor y qué puedes hacer para distinguirte del resto: prácticas, voluntariado, becas, lo que sea.

Eso me recuerda: no importa lo preparado que estés, vas a cometer errores al principio (o incluso más adelante). Aprender de tus propios errores no es ninguna tontería, aunque sea la típica frase chirriante de libro de autoayuda. Es normal equivocarse al empezar en algo con lo que no tienes experiencia. Con ello, también me refiero a los aspectos más estrictamente profesionales: trato con los clientes, entrega de encargos, órdenes de pedidos, facturas, contabilidad…

Eso sí: no dejéis que os vendan tanto humo. Lanzarse como traductor autónomo es difícil, pero, si llevar tu propia «microempresa» es algo con lo que te ves capaz de disfrutar, es infinitamente satisfactorio. Requiere mucho trabajo, constancia y disciplina. Y, de forma menos abstracta, requiere una mínima inversión. El primer año (o incluso más) lo dedicarás casi exclusivamente a la búsqueda de clientes/agencias y la  tasa de respuestas es probable que sea… bueno, desalentadora. Persiste.

Persistir en la búsqueda no es gratis. Para la mayoría, tirarse a la piscina de cabeza no es una opción. Al contrario, es algo paulatino. A no ser que sigas viviendo con tus padres, es recomendable mantenerse a flote con otro trabajo hasta que te sientas lo suficientemente cómodo económicamente como para dedicarte a tu actividad principal. Lo ideal, por supuesto, sería obtener experiencia en plantilla. Por otro lado, también es difícil combinar dos trabajos sin restar tiempo o atención a uno de ellos, así que ten paciencia.

Encargos

Especializarse no es cerrarse puertas. No nos podemos dedicar a traducir todo tipo de textos y esperar hacerlo a la perfección. Es mejor evaluar qué encargos estás capacitado para llevar a cabo y cuáles no. Para ello, encuentra el campo que más te guste, investígalo (no tengas prisa, puede que la descubras dentro o fuera de la universidad), practica si puedes o pregunta a profesionales del mismo sector. Aprenderás de un compañero de profesión mucho más que en cualquier aula universitaria.

ProZ no es el único recurso para encontrar ofertas de trabajo. De hecho, en todo el tiempo que llevo suscrita, me ha servido más para comprobar la reputación de agencias de traducción que para afianzar nuevos clientes. Dependiendo de tu campo de especialización, hay más lugares a los que dirigirse en la búsqueda de clientes. Incluso cuando no existe una demanda explícita de traducción, anímate a contactar y ofrecer tus servicios.

Por último, no os hará daño tener soltura con herramientas TAO.

Traductor 2.0

Twitter es una buena herramienta para mantenerse en contacto con otros compañeros, resolver dudas, obtener visibilidad, etc. No obstante, tampoco tiene sentido convertirse en un «robot» de noticias de traducción: ¿por qué compartir todos y cada uno de los artículos que ya han compartido una docena de usuarios antes que tú? En este caso, considero más útil reducir el «spam» a artículos del campo que te interesen o que involucren contenido propio. ¡Diversidad!

… Dicho sea de paso, un blog no es la panacea de la empleabilidad del traductor. Cierto es que aumenta tu visibilidad y pueden llegar a surgir oportunidades de colaboración interesantes si cae en las manos adecuadas, pero no deja de ser una mera posibilidad.

Por último, pero no menos importante: los traductores no son el ombligo del mundo. Está bien (o, para muchos, es casi un lujo) dedicarte a algo que te apasiona y sentirte orgulloso de tu trabajo, pero hay vida más allá de la traducción. Disfruta del trabajo y del tiempo libre.


Bueno, menudo popurrí de temas. Como veis, se trata de una experiencia con altos y bajos, pero siempre enriquecedora. Igual os sentís identificados en algunos puntos u os parecen bastante ajenos. Sea como sea, no deja de ser mi propia experiencia. A los traductores con mayor bagaje profesional: ¿os animáis a comentar más temas en comentarios? Seguro que podemos aprender algo. :)

Dos meses de testeo y localización

¡He vuelto! Aunque suene a excusa más que trillada, estas dos últimas semanas han sido bastante ajetreadas, tanto en lo personal como en lo profesional. Tras un período relativamente breve de mudanzas y conexión a Internet intermitente, retomo las riendas del blog. Se me hace curioso echar la vista atrás. Al fin y al cabo, pronto hará un año de la creación del blog, momento en el que me lo planteé con un fin casi exclusivamente profesional. Pasado el boom de blogs de traducción, me lo replanteo como algo personal y profesional a partes iguales. Ni qué decir tiene que no seré la primera en plantearse escribir a modo de desahogo personal (Internet está plagado de eso mismo); no obstante, espero seguir aportando algo con mi experiencia.

(lo que quedó de los testers después del «peak»)Al grano. Estos dos meses de trabajo han sido inmensamente productivos. Puedo afirmar, con total confianza, que me gusta el trabajo: aprendo, me motiva y me reta cada día. Entiendo lo atrevido de la frase, así que toco madera. He trabajado en diversos proyectos, cada uno de género y dimensiones distintas. Incluso mejor: en todos y cada uno de ellos he aprendido infinidad de cosas sobre localización y testeo. De hecho, ha sido una curva de aprendizaje ascendente, con una consecuente carga de tareas y dificultad mayor.

De cualquier modo, he comprobado también la necesidad continua de readaptarse proyecto a proyecto. Como os imaginaréis, la prioridad de la localización difiere bastante dependiendo del estudio que desarrolle el juego. Todo depende de tres factores, de los cuales siempre se ve uno afectado (pese a quien le pese): dinero, tiempo y calidad. ¿Tienes poco tiempo y quieres calidad? Invierte más dinero. ¿Quieres ahorrar dinero y tiempo? La calidad del producto final se verá afectada.

Por supuesto, el segundo escenario da lugar a más problemas (aunque no deja de ser del todo común). Con la presión del tiempo por delante, te ves obligado a dar prioridad a cosas por encima de otras. En estos casos, tu peor aliado es la manía perfeccionista: eres consciente de que el juego no estará todo lo pulido que te gustaría, con los riesgos que ello conlleva. En general, siempre he pensado que lo más útil es saber adaptarse a cualquier situación. Tampoco es coser y cantar; hay que aprender a adaptarse.

Sé que doy mucho la lata con el tema de aprender y adaptarse. Aun así, mantengo que es la mejor fórmula para realizar un buen trabajo. El aprendizaje en la empresa ha sido a tres «bandas», por así decirlo: por un lado, tengo compañeros de trabajo que, a lo largo de los distintos proyectos, me han ayudado y enseñado. De hecho, he de decir que en este último han sido una pieza clave. Por otro lado, la autonomía del tester, de la que hablé en entradas anteriores, te obliga a tener cierta capacidad autodidacta. Por último, también es necesario que tanto el tester como el estudio estén al tanto de los problemas y dificultades que la localización de su proyecto implica.

De hecho, en una de las ocasiones, fue interesante (y, a veces, frustrante) trabajar con un estudio con un portafolio de localización relativamente escaso. Ambas partes cometimos errores opuestos: por un lado, el estudio subestimó la complejidad y el tiempo necesarios para la localización de su juego; nosotros, por otro lado, sobrestimamos la experiencia del estudio, posiblemente fallando a la hora de adaptarnos a su forma de trabajar.

En fin. Este es el panorama, por ahora. No quiero condensar estos dos meses de trabajo en una sola entrada, así que en las siguientes me centraré en lo aprendido en cada uno de los proyectos. Cualquier duda que os surja, estaré encantada de responderla en comentarios. :)