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Próxima estación: Dublín

No sé muy bien por dónde empezar. Diría que este último mes ha estado plagado de incertidumbre y, sobre todo, de altibajos (no, no me han diagnosticado nada). No ha sido hasta hace apenas una semana que he llegado a divisar la luz al final del túnel. Ya fuera de forma autónoma o en plantilla, tenía claro mi objetivo: continuar obteniendo experiencia en localización.

 Todavía me parece curioso el gran peso que se le atribuye a la suerte. Lo mencioné en su momento y lo sigo pensando:  la suerte es necesaria, pero rara vez aparece en el sofá de casa. Labrar tu propia suerte no equivale únicamente a postularte a infinitas ofertas de trabajo; también tienes que saber moverte por tu cuenta. Me refiero a moverse en sentido figurado y literal. Para empezar, sería muy egoísta de mi parte no mencionar a la cantidad de gente a la que he «molestado» en el último mes y que, a cambio, me han respondido con ánimos, información y ayuda cuando hacia falta. Gracias a mis compañeros de EA, a Yedra, a Álvaro, a Joan

Por otro lado, si hay algo que he aprendido y que se aplica sobre todo a la industria de los videojuegos, es que hay que estar en el momento y lugar adecuados. Esto último siempre requiere tomar decisiones difíciles y hacer sacrificios pero, como se suele decir, todo esfuerzo se ve recompensado tarde o temprano, incluso de la forma que menos imaginamos.

Las casualidades también son un factor curioso a lo largo del camino. Son esos detalles que se salvan como anécdotas de la historia, pero sin los cuales no llegaría hasta aquí. Casualidad es que mi hermano me avisara sobre el EA Campus hace un año y que, a partir de ahí, reconsiderara mi trayectoria profesional. Casualidad es ver un mensaje en Facebook sobre una posible oferta de empleo y contactar con la responsable sin pensártelo dos veces, aun cuando parecías tener asegurada otra oferta de empleo (no fue así). A veces tendemos a simplificar las cosas con solo conectar los puntos y echar la vista atrás. Dentro de esas casualidades, no incluyo la decepción de los procesos de selección que, por alguna razón u otra, se quedaron en el tintero (o no surgieron, simplemente). Tampoco menciono la inseguridad económica y laboral que me atrapaba día sí y día también. Aun así, decidí seguir apostando por lo mío.

Y, por fin, la recompensa: me marcho a Dublín a trabajar como traductora en plantilla en una empresa especializada en localización de videojuegos. A nivel profesional, será una experiencia que me reportará muchísimo y que, de forma directa o indirecta, podría derivar a más oportunidades e ideas en el futuro. Hoy es mi último día en casa (aunque quién sabe lo que significa eso, a estas alturas) y, a falta de una frase menos cliché, mañana es el comienzo de una nueva etapa. Comienzo a pensar que asentarse en cualquier lugar es un lujo hoy en día. Aun así, lo miraré por el lado positivo: es una circunstancia que me ha permitido conocer nuevos lugares y personas. Además, es una etapa que abordo con muchísima ilusión y ganas de aprender.

Es un viaje que, con total seguridad, será difícil al principio. Aun así, tengo la suerte de no estar sola. Hablaba antes de casualidad. Casualidad es también mencionar tu mudanza en Twitter y, acto seguido, estar en contacto con otra traductora que vive en Dublín y que se ha ofrecido a ayudarte sin pestañear. Mudarse a otro país es un paso emocionante e intimidante al mismo tiempo. No es mojarte los pies; es tirarte a la piscina. Quieres estar preparado para lo que está por venir, pero, a la hora de la verdad, no tienes ni la más mínima idea de lo que va a suceder. No obstante, estar en contacto con personas «del otro lado» ha ayudado a aliviar la carga muchísimo (¡gracias a América e Irene por resolver mis [infinitas] dudas!)

Y, dicho esto, es hora de hacer las maletas (en sentido figurado, claro está. Me conozco y sé que no empezaré hasta el último minuto).

¡Nos leemos desde el otro lado!

Winter is coming

Winter is comingSin haberlo planeado, han pasado dos meses desde la última vez que publiqué algo por aquí. Y, ¿sabéis qué? La rutina no es algo necesariamente tedioso a largo plazo. Si te gusta, te atrapa. Te levantas a la misma hora, vas a trabajar a la oficina y, cuando sales, tienes (en el ideal de los casos) tiempo para dedicarte a lo que te dé la gana. Salvo excepciones, el trabajo se  concentra en ocho horas al día, cinco días a la semana. Casa y trabajo no están aunados: el correo y las preocupaciones de última hora se quedan enclaustrados en esas cuatro paredes.  Tienes la seguridad de un sueldo a final de mes, aunque gran parte de él se destine a pagar el alquiler y otras facturas. Y, mes a mes, vuelta a empezar el mismo ciclo.

No es el típico punto de vista al que cientos de traductores autónomos están acostumbrados a vivir y a relatar por estos lares. He tenido la suerte de seguir la misma rutina durante estos últimos meses sin rozar, ni de lejos, lo tedioso. De hecho, me atrevería a decir que es lo más cómodo del mundo. He trabajado en distintos proyectos y aprendido muchísimo en cada uno de ellos, con un ambiente de trabajo insuperable y compañeros que me han permitido bombardearles a dudas día sí y día también. Durante este tiempo, he descubierto y profundizado en una línea de trabajo que ni me habría planteado año atrás.  Lo que comenzó siendo un curso de formación ha sido el punto de inflexión ideal para especializarme en algo que me apasiona.

Al mismo tiempo, me he ido despegando poco a poco de la traducción en las redes sociales. Empecé el blog bajo la premisa de relatar mi propia experiencia, pero lo cierto es que parte de mí se veía obligada a cumplir con ciertas expectativas. En concreto, transmitir información que resultara útil para un público. La verdad, no era más que una traba a la hora de escribir. Ese tipo de exigencias me hicieron replantearme este espacio como algo personal a la vez que profesional. Escribir sobre uno mismo no es fácil, pero seguiré trabajando en ello.
Por otra parte, Twitter repetía un eco de las mismas noticias sobre el mismo tema a todas horas del día. Sobrecarga de información, supongo. Dicen que los traductores son compañeros ideales en partidas de Trivial, por aquello de estar acostumbrados a absorber información como esponjas. Sin querer, había aparcado mis intereses personales y aficiones.  Aprovechando la comodidad de la rutina, retomé poco a poco la lectura, la fotografía, el ejercicio y el ocio. He descubierto el significado de runner’s high, me he pasado horas leyendo opiniones sobre distintos tipos de fotografía analógica y he vuelto a encender el Kindle después de meses (solo para descubrir que tenía que cargarlo).

Es importante, a la par que difícil, mantener un balance: quieres dedicar tiempo a tu profesión para demostrar tu valía y estar siempre al pie del cañón (sin contar el atractivo económico, claro); por otro lado, no puedes dedicarle 24 horas sin perder el lado humano. Y, precisamente, es el lado del que muchos traductores pueden beneficiarse a la hora de elegir un camino u otro, profesionalmente.

Me gustaría poder decir que mi rutina es una de la que puedo disfrutar todo el año, pero no es así. Se acaba el año y, con él, los proyectos. Winter is coming. Mentiría si no dijera que siento cierta incertidumbre por lo que está por venir en los próximos meses, aunque, por otro lado, también hay cierta curiosidad que quiero satisfacer.

Replace fear of the unknown with curiosity

¡Feliz entrada del año a todos!

Cosas que aprendí en un año (y otras «realidades» de la traducción profesional)

No es año nuevo, pero sí hace casi un año que empecé este blog. No puedo decir que no esté sorprendida de que siga escribiendo. Aun así, lo que más sorprende son los cambios: cómo los temas pasan a ser más especializados e incluso personales; cómo no se trata tanto de investigar temas nuevos, sino de plasmar la experiencia propia y cómo se hace cada vez más difícil mantener un ritmo decente de actualizaciones (no todo iba a ser bueno).

Plasmar mi propia experiencia es algo que me resultaba aterrador al principio (he de admitir que todavía escribo con cierto recelo). Aun así, el propósito de esta entrada es enumerar -a modo de resumen- algunas de las «realidades» (subjetivas, como siempre) con las que me he topado a lo largo de este año, el de la tan ansiada transición de las cuatro paredes universitarias al Mundo Real™, exento de paredes y de la satisfacción (o desilusión) de un expediente académico. No ha sido fácil adaptarse. De hecho, me queda muchísimo por aprender.

Universidad ≠ Mundo Real™

Los estudiantes parecen seguir dispuestos a atravesar un camino peligrosamente recto. Primero carrera,  luego máster, ¡hasta doctorado! Lanzarse al Mundo Real™ no es fácil, pero ampararse en los estudios no es la mejor alternativa. Reconozco que yo misma fui la que comenzó un máster acabada la carrera. Me lo planteé como una segunda oportunidad, en la que podría aprender algo que siempre había querido estudiar. Por otro lado, reconozco que también me aterraba mi propia perspectiva al futuro: vacía, sin ideas.

Probablemente esto surgiera a raíz de una falta de planificación por mi parte. En los años de licenciatura, me preocupaba por rellenar un cupo de créditos y, de vez en cuando, mirar el expediente. No me gustaba pensar más allá de eso porque sabía la respuesta. Sabía que con estudiar y tener un buen expediente no iba a ser suficiente.

En parte, estoy contenta de haber cursado el máster. Me ha introducido a un mundo que apenas había tenido oportunidad de profundizar durante los años de carrera. Aun así, vi que volvía  repetirse lo mismo: estaba asentando una serie de bases teóricas de distintas ramas de la traducción y poco más.

Trayectoria profesional

Muchas veces, por curiosidad, ojeo los términos de búsqueda con los que los lectores llegan a este blog. Hay algunos que son para enmarcar, pero otros siguen describiendo la misma realidad que os digo. Los términos de búsqueda estrella son, sin duda: «¿sirve para algo un máster?» y «empleabilidad del traductor». Mi punto de vista:

  • Un máster puede convertirte en la persona más preparada del mundo  y abrirte los ojos hacia nuevos mercados, pero la empleabilidad es algo que tienes que trabajarte por cuenta propia (nunca mejor dicho).
  • La empleabilidad consiste, entre otras muchas cosas, en trazar tu propia trayectoria profesional. Aprende a vender tus servicios. Si no quieres que tus títulos sean manteles de mesa, empieza a trabajar en ello desde ya. Al fin y al cabo, tu único punto de venta no puede basarse en un título (o veinte). Piensa en tu currículo como traductor y qué puedes hacer para distinguirte del resto: prácticas, voluntariado, becas, lo que sea.

Eso me recuerda: no importa lo preparado que estés, vas a cometer errores al principio (o incluso más adelante). Aprender de tus propios errores no es ninguna tontería, aunque sea la típica frase chirriante de libro de autoayuda. Es normal equivocarse al empezar en algo con lo que no tienes experiencia. Con ello, también me refiero a los aspectos más estrictamente profesionales: trato con los clientes, entrega de encargos, órdenes de pedidos, facturas, contabilidad…

Eso sí: no dejéis que os vendan tanto humo. Lanzarse como traductor autónomo es difícil, pero, si llevar tu propia «microempresa» es algo con lo que te ves capaz de disfrutar, es infinitamente satisfactorio. Requiere mucho trabajo, constancia y disciplina. Y, de forma menos abstracta, requiere una mínima inversión. El primer año (o incluso más) lo dedicarás casi exclusivamente a la búsqueda de clientes/agencias y la  tasa de respuestas es probable que sea… bueno, desalentadora. Persiste.

Persistir en la búsqueda no es gratis. Para la mayoría, tirarse a la piscina de cabeza no es una opción. Al contrario, es algo paulatino. A no ser que sigas viviendo con tus padres, es recomendable mantenerse a flote con otro trabajo hasta que te sientas lo suficientemente cómodo económicamente como para dedicarte a tu actividad principal. Lo ideal, por supuesto, sería obtener experiencia en plantilla. Por otro lado, también es difícil combinar dos trabajos sin restar tiempo o atención a uno de ellos, así que ten paciencia.

Encargos

Especializarse no es cerrarse puertas. No nos podemos dedicar a traducir todo tipo de textos y esperar hacerlo a la perfección. Es mejor evaluar qué encargos estás capacitado para llevar a cabo y cuáles no. Para ello, encuentra el campo que más te guste, investígalo (no tengas prisa, puede que la descubras dentro o fuera de la universidad), practica si puedes o pregunta a profesionales del mismo sector. Aprenderás de un compañero de profesión mucho más que en cualquier aula universitaria.

ProZ no es el único recurso para encontrar ofertas de trabajo. De hecho, en todo el tiempo que llevo suscrita, me ha servido más para comprobar la reputación de agencias de traducción que para afianzar nuevos clientes. Dependiendo de tu campo de especialización, hay más lugares a los que dirigirse en la búsqueda de clientes. Incluso cuando no existe una demanda explícita de traducción, anímate a contactar y ofrecer tus servicios.

Por último, no os hará daño tener soltura con herramientas TAO.

Traductor 2.0

Twitter es una buena herramienta para mantenerse en contacto con otros compañeros, resolver dudas, obtener visibilidad, etc. No obstante, tampoco tiene sentido convertirse en un «robot» de noticias de traducción: ¿por qué compartir todos y cada uno de los artículos que ya han compartido una docena de usuarios antes que tú? En este caso, considero más útil reducir el «spam» a artículos del campo que te interesen o que involucren contenido propio. ¡Diversidad!

… Dicho sea de paso, un blog no es la panacea de la empleabilidad del traductor. Cierto es que aumenta tu visibilidad y pueden llegar a surgir oportunidades de colaboración interesantes si cae en las manos adecuadas, pero no deja de ser una mera posibilidad.

Por último, pero no menos importante: los traductores no son el ombligo del mundo. Está bien (o, para muchos, es casi un lujo) dedicarte a algo que te apasiona y sentirte orgulloso de tu trabajo, pero hay vida más allá de la traducción. Disfruta del trabajo y del tiempo libre.


Bueno, menudo popurrí de temas. Como veis, se trata de una experiencia con altos y bajos, pero siempre enriquecedora. Igual os sentís identificados en algunos puntos u os parecen bastante ajenos. Sea como sea, no deja de ser mi propia experiencia. A los traductores con mayor bagaje profesional: ¿os animáis a comentar más temas en comentarios? Seguro que podemos aprender algo. :)

Máster en Comunicación Internacional, Traducción e Interpretación: dudas frecuentes

Seré sincera: estoy un poco despegada del calendario académico (y del blog, diréis, pero ese es otro tema). Aun así, en este último mes he recibido algunos correos de estudiantes/recién licenciados que se plantean el camino a seguir acabada la carrera. Es esa época del año, supongo: verano, vacaciones, ansiedad laboral… En concreto, he recibido dudas sobre el Máster Universitario en Comunicación Internacional, Traducción e Interpretación (MCITI) que oferta la Universidad Pablo de Olavide y que, con suerte, acabaré con la defensa del TFM en septiembre.

Antes de resolver dudas, una pequeña aclaración: bien por todos los recién licenciados que se animan a escribir y a documentarse sobre un máster antes de empezar; no-tan-bien el hecho de que conciban un máster como la primera y única salida acabada la carrera. Dicho esto, vayamos al grano:

Licenciados en TeI

En primer lugar, empezaré diciendo que no es el máster más recomendable para los licenciados en Traducción e Interpretación. No obstante, quizás os interese cursarlo para reforzar vuestro conocimiento en una combinación de idiomas distinta a la de vuestros principales idiomas de trabajo. De lo contrario, es probable que os encontréis con contenidos similares a los cursados en la licenciatura. En el caso del máster, los idiomas de trabajo serán inglés/español.

En general, lo aconsejable es que los licenciados en TeI opten por una oferta de postgrado más específica, según las áreas de trabajo en las que deseen especializarse. David Diéguez, en su blog Traducción 2.0 ha recopilado en este artículo una exhaustiva lista de cursos, posgrados y másteres relacionados con la Traducción e Interpretación que actualmente se imparten en España.

No licenciados en TeI

Si queréis obtener una formación de carácter profesional como traductores, ¡este es vuestro máster! En mi caso me ha servido como «puente» entre Filología Inglesa y Traducción. Algunos alumnos del máster solíamos decir que el plan de estudios era algo similar a la versión lite de la carrera (espero que ningún licenciado me apedree por decir esto). En cualquier caso, huelga aclarar lo siguiente:

Al cursar el MCITI, obtienes una formación de carácter profesional y, añadiría, general. ¿Qué quiero decir con esto? Ya he dicho en ocasiones anteriores que la Traducción es un contínuo proceso de aprendizaje, por lo que cursar un máster (el que sea) no equivale, ni mucho menos, a obtener trabajo inmediatamente. En una profesión como la Traducción, no puedes conformarte con una actitud pasiva. La captación de agencias o clientes depende únicamente de tu propio esfuerzo y trabajo. Hacerse un hueco en el mercado laboral equivale a mucha preparación, esfuerzo y perseverancia. La realidad es que no existe ningún máster que mágicamente te abra las puertas al mercado laboral. Dicho esto, el MCITI sí te ayudará a asentar las bases de tu perfil profesional como traductor.

Horarios

El máster es de carácter semipresencial; no obstante, se suspenderán las asignaturas que no cuenten con un 80% mínimo de asistencia. La duración es de un curso académico, siendo la parte presencial de noviembre a abril. El período de prácticas se extiende de mayo a septiembre y, por último, la defensa del TFM es en septiembre/octubre.

En el curso 2011/2012 del máster, los horarios estaban configurados para que fueran compatibles con posibles actividades laborales. Dicho de otro modo, los horarios eran un tanto atípicos: jueves y viernes de 15:00-21:00 y sábados de 9:00 a 15:00. No os diré que la transición del viernes al sábado resultaba un tanto dura a veces, pero todo es cuestión de acostumbrarse.

 Plan de estudios

El plan de estudios del MCITI se encuentra estructurado del siguiente modo:

TIPO DE MATERIA CRÉDITOS ECTS
Obligatoria 18
Optativa 24
Practicas externas 9
Trabajo fin de máster 9

La relación de asignaturas la podéis encontrar desglosada aquí. Observando el plan de estudios, podréis ver a qué me refiero con obtener una formación general como traductor. No obstante, los créditos de optativas (24) también permiten personalizar, hasta cierto punto, el itinerario a seguir. En total, son seis módulos: Traducción y tecnología; Interpretación; Traducción multimedia; Traducción literaria; Comunicación internacional; Traducción jurídica y jurada; Traducción científico-técnica y, como módulo común, Aspectos profesionales de la traducción e interpretación. Este último módulo resultó ser un añadido interesante y distinto al típico enfoque teórico-práctico de asignaturas que había cursado hasta ahora.

Prácticas en empresa

Se incluye, como parte del período formativo del máster, un período de prácticas en empresa de 200 horas de trabajo. Los alumnos cuentan con el asesoramiento de un tutor para la búsqueda de prácticas en aquellas empresas con las que la universidad tiene convenio (la mayoría, según tengo entendido, de la provincia de Sevilla). No obstante, os recomiendo encarecidamente que seáis vosotros mismos los que busquéis vuestra propia plaza de prácticas en empresa. Involucra más trabajo por vuestra parte, pero tendréis dos grandes ventajas: primero, podréis buscar las prácticas que más se adecuen a vuestro perfil, ubicación y horario; segundo, obtendréis experiencia en la búsqueda de empleo como traductores (y aprenderéis de vuestros propios errores a la hora de redactar CV, carta de presentación, trato con agencias, etc.)

Por último, también es posible convalidar las prácticas si habéis realizado anteriormente alguna actividad afín.


Eso es todo, por ahora. Podéis leer más información sobre el máster en la página oficial del mismo. Si tenéis más preguntas, no dudéis en contactarme o dejar algún comentario. :-) ¡Mucha suerte!

So long, and thanks for all the fish

Se acabó. Llegó la hora de despedir al EA Campus. A muchos de nosotros se nos hizo extraño decir adiós el pasado fin de semana, después de haber compartido un sinfín de experiencias fuera y dentro de las oficinas. Creo que es algo que tiene mérito: seleccionar a 40 personas, de distintos perfiles y formación, y que logren congeniar en tan solo dos meses.

Mencioné en alguna entrada anterior cómo el Campus me había parecido algo más que un mero curso de formación de testeo lingüístico de videojuegos. A decir verdad, el programa abarcó temas que van mucho más allá de la localización en sí: gestión de proyectos, finanzas, márketing, historia de los videojuegos… Por nombrar unos pocos ejemplos. Aunque me repita, insisto en lo que dije al principio: ha sido un cambio radical en lo que a la localización y testeo lingüístico se refiere. Creo que la experiencia supera cualquier narrativa. Observas cómo un videojuego va desarrollándose poco a poco, cómo todos los departamentos deben coordinarse para obedecer a un presupuesto y calendario estrictos y cómo tú, a lo largo de todo ese inmenso proceso, ayudas a hacer el juego un poquito mejor. Asimismo, el traductor mejora su «ojo localizador»: por fin tenemos la oportunidad de ver en pantalla una traducción que antes carecía de contexto al estar encerrada en miles y miles celdas de Excel. Y, más importante: puedes detectar y resolver errores de primera mano.

Aun así, recordad que el localizador y tester lingüístico son dos perfiles que, aunque relacionados, cumplen funciones distintas: mientras que al localizador de videojuegos se le premia por su creatividad a la hora de afrontar una traducción, al tester se le valora más su capacidad proactiva a la hora de encontrar soluciones a problemas. Creo que esto es algo que a muchos traductores del curso nos costó aceptar al principio: teníamos que deshacernos, en gran parte, de nuestro «chip traductor» para centrarnos en errores gramaticales y de coherencia, incluyendo también problemas que derivan de la propia versión localizada del juego (variables erróneas, texto solapado o cortado y un largo etcétera).

¿Por qué? Porque, simplemente, esa es la función del tester lingüístico de videojuegos. Otros tipos de testers se encargan de cubrir otros temas, mientras que los localizadores son los responsables de la traducción. Aun así, no se trata de departamentos aislados, sino todo lo contrario: el flujo de información entre todos es constante. La comunicación tanto dentro como fuera de tu equipo de trabajo es algo esencial a la hora de coordinar proyectos de tal magnitud. Eres una pieza más del engranaje, por así decirlo.

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