Monthly Archives: febrero 2012

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La empleabilidad del traductor (I)

Esta semana he tenido la oportunidad de profundizar en algo que rara vez se enseña en las aulas: proyección profesional y empleabilidad. Para ser honesta, empezaba a echar algo en falta en clase. Probablemente se trate de una de las carencias más comunes de cualquier estudiante que lleve más de una década siguiendo la misma rutina: ir a clase, calentar el asiento, estudiar, examinarse… rinse and repeat. ¿Qué ocurre, entonces, cuando (por fin) nos vemos obligados a cortar con esta larga y tediosa rutina? Nos damos de bruces con la realidad.

Es probable que la raíz del problema se remonte mucho más atrás de los años universitarios. Cada vez es más frecuente el estudiante que no ha cambiado una, sino dos veces de carrera. Y, aun así, cuando por fin creemos que hemos encontrado «nuestro lugar», la misma oleada de dudas y temores nos asalta momentos antes de alcanzar la recta final. ¿Para qué he hecho esto? Y ahora, ¿qué? Durante esos últimos años universitarios (o los primeros como egresados), la grave falta de contacto con la realidad se transforma en algo totalmente oscuro y negativo. Lo cierto es que hemos sido ajenos a nuestro futuro profesional durante tanto tiempo que, llegado el momento, nos resulta imposible identificarnos con nuestra propia realidad.

Este factor profesionalizante debería estar presente en todas las aulas. El alumno debería verse incentivado, desde el principio, a idear su propio plan de desarrollo profesional. No tiene sentido aparcar este tipo de cuestiones para reemplazarlas por un sinfín de conocimientos teóricos. Ni qué decir tiene, por supuesto, que la Traducción e Interpretación no es una excepción. A día de hoy, el desconocimiento sobre las salidas profesionales de TeI sigue prevaleciendo tanto a nivel estudiantil como empresarial. Si nuestro objetivo es concienciar al público —o a nuestros futuros clientes— del valor de la traducción, es necesario que empecemos esta labor nosotros mismos, dando a conocer la verdadera empleabilidad de la figura del traductor-intérprete.

Por esta razón, me gustaría analizar, a lo largo de una serie de entradas, la empleabilidad del traductor-intérprete  más allá de las tradicional proyección profesional. El principal inconveniente con el que nos encontramos en el mercado actual es que muchas de estas competencias siguen siendo modalidades de desempeño de las dos figuras tradicionales (traductor o intérprete), dándose lugar a una importante falta de desarrollo como profesión. En consecuencia, es complicado categorizar cada una de estas modalidades. No obstante, también puede considerarse una ventaja, al ser capaces de moldear nuestra polivalencia de cara a un mercado flexible.

Nuestra misión es transmitir que somos un valor añadido para la empresa. A partir de ahora, está en nuestras manos encontrar nichos de empleo en sectores no tradicionales de la TI. ¡Somos mucho más que traductores o intérpretes! ¿No me creéis? Os dejo con algunas ideas para empezar:

La semana en Traducción e Interpretación (26/02/2012)

Supongo que ya lo habréis notado: la «blogosfera traductoril» está más activa que nunca. Esta semana, como la anterior, he vuelto a agregar nuevos blogs a mi ya exagerada respetable lista de feeds. El único problema es que me cuesta mantenerme al día en Twitter y Google Reader (miedo me da mirar el último si paso más de un día sin leerlo). Intenté buscar solución usando servicios como News.me y Strawberry Jam, pero no lograba dar con la clave. Al final, la respuesta estaba en un plugin muy simple de WordPress.

Dicho lo cual, mi idea es recopilar en una lista todas las entradas publicadas a lo largo de la semana. ¡Espero que os sirva!

Si falta algún link, avisadme en comentarios para agregarlo a mi RSS. :)

¡Feliz domingo!

«Traducir o morir»

«¿Qué es la traducción?» Así abre el debate —casi a modo de protocolo— alguna que otra clase a la que he asistido hasta ahora. La reacción es más o menos homogénea: muchos, al principio, quedan un tanto perplejos al intentar plasmar en palabras una práctica tan obvia a priori. Después de varios intentos (algunos mejor formulados que otros), el consenso suele ser, en líneas generales: «trasladar contenido de un idioma a otro».

Desde el otro lado del espejo, los traductores, a medida que avanzan en su formación (dando algún que otro traspié), empiezan a ser conscientes de ciertos matices. «¿Solo contenido?» Llegados a este punto, el debate se desvía hacia otra serie de cuestiones, pero no os voy a aburrir con eso. De una forma u otra, aprendemos a ver cómo la traducción involucra muchos otros aspectos que no se recogen en ninguna de sus acepciones convencionales. Aun así, para el receptor, la fórmula inicial sigue generando el mismo resultado: un producto en la lengua meta, resultado del proceso de traducción.

Quizá el problema surge a raíz del desconocimiento general de cada uno de los componentes del proceso. Muchos profesionales ya lo han repetido hasta la saciedad: no basta con saber idiomas. Con todo y con esto, no resulta extraño toparse con críticas de todo tipo hacia la traducción. Por  poner un ejemplo: ¡vaya chapuza, no tiene nada que ver con el original! Sí y no. Es la segunda vez que me encuentro con este tipo de crítica (casi frase hecha, me atrevería a decir) refutada por distintos traductores del mismo modo: ¿qué licencia puede tener el receptor convencional, incapaz de acceder a la fuente original, de criticar positiva o negativamente un producto derivado del primero? También es posible plantearlo al revés: ¿cómo puede cualquier receptor percatarse, con tan solo leer un texto,  si se trata de una traducción de antemano o no?

Volviendo a la muletilla anterior: efectivamente, las traducciones son sustitutos de un producto original. La labor del traductor es, al fin y al cabo, llegar a producir estos sustitutos en base a una serie de elementos léxicos que corresponden con la fuente. Ya va siendo hora de dejar atrás el planteamiento de los idiomas como algo hermético para pasar a ser concebidos como los vehículos de la culturización. Las culturas están formadas por traducciones. Si nos empeñásemos en leer solo aquellos textos redactados originalmente en nuestra lengua materna, seríamos partícipes de una realidad un tanto particular. No hablo solo del sector audiovisual, aunque puede ser lo primero que se os venga a la mente. Si adoptáramos esta actitud al pie de la letra, pensad en la posible repercusión en el sector educativo. O en las noticias. O en las instrucciones de los muebles de Ikea. O de todo, en general.

Esta es una de las muchas cuestiones planteadas por David Bellos en su obra de divulgación «Is that a Fish in Your Ear?» Como habréis adivinado, el propósito del autor es acercar a los lectores a toda serie de cuestiones que emanan de la traducción y cómo estas han llegado a repercutir en la humanidad. No se trata de señalar culpables o realzar pedantemente la labor del traductor: simplemente, se trata de plasmar cómo es. Ni más ni menos. Bellos desentrama, a lo largo de una serie de capítulos breves, muchos de los clichés normalmente asociados a la traducción o al uso de los idiomas en general. Lo poco que he podido devorar hasta ahora ha resultado muy ameno y asequible; incluso, me atrevería a decir, para algún que otro curioso ajeno al mundo de la traducción.

Os dejo con la ingeniosa y divertida presentación del libro, narrada por el propio autor. Seguro que, como mínimo, logrará despertar vuestra curiosidad:

Si no podéis ver el vídeo, haced clic aquí.

Un último apunte, antes de que se me olvide: el libro no está disponible aun en español. Suscribo al comentario de Manuel Rodríguez Rivero en El País: editoriales, ¡pónganse las pilas! :)

Formación y nuevas tecnologías: webinars

A mediados de enero, llegó a mis oídos a través de Twitter —como casi todo hoy día— una serie de webinars sobre localización de videojuegos impartidos por Pablo Muñoz. A decir verdad, desconocía la plataforma de aprendizaje del ya consagrado portal de traductores. Aun así, me apetecía probar algo nuevo y aprender sobre uno de los campos más atractivos y emergentes de la localización. Dicho y hecho: me apunté y, un mes después, no me arrepiento de haberlo hecho. Han sido 4 horas repartidas a lo largo de cuatro semanas en la que he aprendido muchísimo. ¡Y desde casa!

Naturalmente, se trata de una experiencia distinta a cualquier tipo de curso o charla presencial, pero no por ello menos útil. Aunque, admito, guardaba algo de escepticismo al principio, participar en el webinar no solo me ha permitido aprender sobre algo nuevo, sino también abrir los ojos a nuevas plataformas y, con ello, a nuevas posibilidades. Me alegra ver cómo la traducción e interpretación están en un constante proceso de innovación en el marco de las nuevas tecnologías. Por ejemplo, la semana pasada, se retransmitió en vivo por Twitter las Jornadas de transición al oficio de traductor e intérprete de la Universidad de Alicante; la misma semana, se puso en marcha la iniciativa «Endless Possibilities Talks», a celebrarse regularmente a través de los Hangouts de Google+, etc. Lo cierto es que tenemos a nuestro alcance más contenido que nunca. Tal cantidad de información (o sobrecarga de información, como algunos lo empiezan a llamar) puede resultar abrumadora, por lo que, como receptores, está en nuestras manos saber procesarla y dosificarla de la forma más eficiente posible.

¿Qué quiero decir con todo esto? Independientemente del medio y lugar, no dejan de surgir toda serie de oportunidades. Asistir a un congreso, participar en un webinar, leer un libro… Nunca sabes  cuándo va a saltar esa «chispa».

Los webinars (conferencias vía web, en pocas palabras) eran algo nuevo para mí. Os invito —tanto a los escépticos como a los curiosos— a que lo probéis algún día. Al fin y al cabo, son una excelente plataforma de formación. En cuanto a mi experiencia con ProZ, destacaría lo siguiente:

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