Monthly Archives: enero 2012

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Logro desbloqueado: prácticas en empresa

Las prácticas en empresas… o el consabido quebradero de cabeza de actuales y futuros egresados. Obligatorias o no, unas buenas prácticas en empresa pueden convertirse en nuestro primer impulso hacia el mercado laboral. Tener una primera toma de contacto en una empresa relacionada con nuestro sector de estudios puede proporcionarnos el empujón necesario hacia la tan demandada experiencia profesional, así como ponernos en contacto con aspectos del día a día del traductor desconocidos hasta entonces.

En mi caso, las prácticas conforman una parte obligatoria del máster (y me alegro que así lo sea). Fue entonces cuando decidí proponérmelo como un reto y emprender la búsqueda por mí misma. Al fin y al cabo, admito, tuve la suerte de contar con el respaldo de la universidad si la búsqueda resultaba infructuosa. Incluso, si hubiera sido el caso, estaba convencida de que me ayudaría a simular las distintas fases de la búsqueda de empleo y comprender todo lo que ello conlleva. Contaba con un tiempo algo limitado (2-3 meses), así que decidí ponerme manos a la obra cuanto antes. No soy ninguna experta, pero considero que la clave está entre la perseverancia y la suerte. Ojo, no os equivoquéis: la suerte no viene sola, la suerte se persigue. Esto es algo de lo que cada vez estoy más convencida.

Dicho esto, si todo sigue su cauce, volveré a hacer las maletas para dar otro salto: ¡Madrid!

Por este motivo, me gustaría elaborar una serie de consejos con el fin de alentar a otros estudiantes en su búsqueda o, por lo menos, evitar que tiren la toalla demasiado pronto. Para ello, es importante evaluéis dos aspectos de vuestro perfil: actitud y empleabilidad.

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Traducción ¿e interpretación?

Durante estas dos últimas y agotadoras semanas, he tenido la oportunidad de asistir a un módulo de interpretación que se imparte en el máster que actualmente curso. Contrario a todas mis expectativas, he de admitir que ha sido una experiencia muy enriquecedora. Por supuesto —y todos los intérpretes profesionales que lean esto estarán de acuerdo— dos semanas de clases, aunque intensivas, apenas sirven para asentar una pequeña parte de la capacidades exigidas para interpretar. Aun así, ha servido para obtener cierta perspectiva de lo que supone adquirir una base en la profesión.

Os interese o no la interpretación, hay algo que sí puedo extrapolar de mi experiencia: no tengáis miedo a probar cosas nuevas. Poned a prueba vuestros límites; de poco os servirá cerrar puertas a cal y canto.

Por supuesto, fue un mínimo de curiosidad lo que me impulsó a elegir este módulo (optativo) sobre otros. Ha sido ese mismo sentimiento de curiosidad el que hemos compartido un grupo de 8 personas durante estas dos últimas semanas en clase. Estoy segura que todos, al igual que yo, estarán de acuerdo en lo siguiente: desde una perspectiva externa, la falta de conciencia que existe sobre esta rama de la profesión resulta llamativa, por decirlo de algún modo. Sabíamos de antemano que interpretar grosso modo implica trasladar contenido de un idioma a otro de forma oral. ¿Pero éramos conscientes de todo lo que involucraba?

¡Ni por asomo!

Nuestra propia experiencia en clase ha servido para acercarnos a las destrezas del intérprete. Para nosotros, los estudiantes, también ha supuesto un exhaustivo proceso de auto-evaluación. Partiendo de un extensivo conocimiento de sus idiomas de trabajo, hemos comprendido que el resto de destrezas exigidas y necesarias como la concentración, la memoria, la disociación, la documentación previa y varios aspectos importantes de oratoria no se adquieren de la noche a la mañana. Sin duda, son una serie de habilidades asimilables a través de la práctica; claro que no garantiza que deje de resultar difícil.

Estudiante de interpretación vs. Intérprete profesional

Una de las lecturas claves y reveladoras del módulo fue el «Modelo de esfuerzos» elaborado por Daniel Gile. En él, habla sobre la dificultad intrínseca de la interpretación y las distintas cargas cognitivas que ello implica sobre la memoria a corto y largo plazo. Me llamó especialmente la atención el final del capítulo, donde cerraba con una reflexión sobre las tareas del traductor e intérprete, respectivamente. Mientras que el traductor puede asignar toda su capacidad mental a los esfuerzos que exige un proceso de traducción (lectura y escritura), la clave para una buena interpretación reside en la habilidad del intérprete a la hora de coordinar su capacidad total cognitiva. A lo largo de la formación del intérprete, se hace hincapié en mejorar la capacidad de coordinar los distintos esfuerzos necesarios (escucha, análisis, memoria, producción) a la vez que se promueve el conocimiento lingüístico y extralingüístico para así alcanzar un rendimiento óptimo. Precisamente, la práctica de estas competencias suponen una de las mayores diferencias en la formación de los traductores e intérpretes.

Por eso, desde una perspectiva externa, me pregunto: ¿puede un traductor ejercer de intérprete? ¿Es adecuado asumir que un estudiante de grado/licenciatura de Traducción e Interpretación está capacitado para realizar ambas modalidades? Si hay algún estudiante o egresado en la sala, me gustaría saber su punto de vista. :)

Aprendiendo con herramientas de código libre: GTT

A raíz de mi última entrada, empiezo el 2012 ahondando en la siguiente idea: la creciente importancia de vincular la actividad del traductor profesional con las herramientas de trabajo adecuadas. El uso y conocimiento de estas herramientas no tiene porqué limitar o impedir el desarrollo de la actividad del traductor; no obstante, en la gran mayoría de los casos, incide positivamente en la productividad de este.

Tuve mi primer contacto con herramientas de traducción asistida el mes pasado. A partir de ese momento, me pareció algo indispensable en el día a día del traductor. Supongo que esto último es el pan de cada día de muchos, así que guardaré críticas y elogios para hacer hincapié en algo relacionado: el proceso de adaptación a estas herramientas. Aunque resulte atrevido generalizar, lo más probable es que el estudiante que abre Trados por primera vez se enfrente a una pronunciada curva de aprendizaje. Es decir, un manejo óptimo de este tipo de software supone cierta dificultad y, por lo tanto, una mayor inversión de tiempo. Por supuesto, lo ideal sería que, al finalizar su formación, pasaran a formar parte del mercado laboral con un perfecto conocimiento de estas herramientas, pero, ¿cómo empezar? Desembolsar más de 800€ en un software no está probablemente en el bolsillo de traductores en formación y, muchas veces, no basta con el breve contacto que se realiza de estas herramientas en clase.

Por suerte, Trados no es la panacea de herramientas de traducción asistida. Existen alternativas asequibles —incluso gratuitas— y multiplataforma. Aunque sí pudimos realizar ejercicios en clase manejando las distintas herramientas del paquete de Trados, me resultó curioso realizar un ejercicio de encargo de traducción con herramientas de código libre. En concreto, empleamos Google Translator Toolkit. Sé que diréis que no es una herramienta al uso para traductores profesionales; no obstante, me pareció una alternativa muy interesante como primera toma de contacto. Gracias a ello, aprendimos desde cómo trabajar de forma colaborativa en la nube hasta cómo cargar una memoria de traducción para nuestro encargo.

Mucho se ha hablado del traductor de Google, pero no tanto de su kit para traductores y de su posible potencial pedagógico. Su funcionamiento es relativamente sencillo: basta con cargar el documento, del cual Google generará una traducción automática que podremos corregir en nuestro panel de trabajo junto al texto original.

En líneas generales, las herramientas de código libre pueden proporcionar una primera toma de contacto de un software-tipo al que el futuro traductor tendrá que enfrentarse en encargos reales. Con este fin, me gustaría destacar algunas de las prestaciones más útiles que se incluyen dentro de Google Translator Toolkit:

Soporte de archivos

Podemos trabajar con archivos locales (incluyendo un amplio abanico de extensiones: html, doc, odt, txt, rtf, srt, sub y aea), páginas web, artículos de Wikipedia y Knol. Estos archivos no pueden exceder el tamaño máximo permitido de 1mb.

Modo colaborativo

Podemos invitar a otros contactos de Google para visualizar y editar un proyecto.

Memorias de traducción (públicas y privadas)

Por defecto, Google Translator Toolkit guarda los segmentos traducidos en una memoria de traducción compartida y global. No obstante, esta opción se puede modificar creando o cargando nuestra propia memoria de traducción (.tmx) en la interfaz de Google Translator Toolkit. Eso sí, el uso de memorias de traducción privadas no se aplica a la traducción de artículos de la Wikipedia o Knol (según ellos, por la propia filosofía del contenido de estos sitios).

Cómo seleccionar la memoria de traducción en Google Translator Toolkit

Cargado nuestro archivo y memoria de traducción asociadas, tendremos disponible desde la interfaz opciones adicionales, como la asignación de colores a los segmentos acorde al porcentaje de coincidencia. Bajo la pestaña «View» podemos asignar colores acorde a: «100% TM match», «High Fuzzy TM matches», «Machine translation», «Edited», e «Incorrect placeholders». Para analizar nuestro proyecto, también podemos visualizar las estadísticas de estos porcentajes en la misma pestaña en «Statistics…»

No obstante, uno de los mayores inconvenientes es que el número de memorias de traducción privadas a las que podemos asociar nuestro proyecto está limitado a una sola. Asimismo, el tamaño permitido por memoria de traducción es de 50mb.

Opciones de alineación

Aunque la interfaz de Google Translator Toolkit presenta nuestro proyecto ya dividido por segmentos (oraciones, normalmente), también podemos dividirlos y unirlos como nos resulte conveniente.


En general, recomendaría no descartar por completo el uso de estas herramientas de código libre. Sin duda, hay un creciente número de herramientas que explorar, cuyo potencial —tanto pedagógico como profesional— está por descubrir.