Monthly Archives: diciembre 2011

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Un cambio de chip para el 2012, por favor

Parece mentira que sólo hayan pasado dos meses desde que me embarqué en la trayectoria de postgrado en Traducción e Interpretación. Parece mentira que, sin darme cuenta, haya llegado a la mitad del período docente del máster. Recalibrar un perfil lingüístico, aunque relacionado, hacia otro eminentemente práctico y profesional ha supuesto, sin duda alguna, un cambio de chip en todos los sentidos. Bajo mi humilde perspectiva de filóloga inglesa —venida a traductora— y de cara al 2012, me gustaría plasmar alguna de mis impresiones hasta la fecha.

Formación y profesión

En primer lugar, resulta llamativo que la balanza entre formación y aspectos profesionales se encuentre mucho más posicionada hacia el primero. Curioso, repito, porque al fin y al cabo están formando profesionales que, en mayor o menor medida, entrarán a formar parte de una empresa o —lo más temido por parte del estudiante— lanzarse a crear la propia. Esto es todo un reto si, dicho sea de paso, la labor del docente se reduce a unas 18 horas de clase, aproximadamente. Lo cierto es que he aprendido y puesto en práctica muchísimas cosas a un ritmo vertiginoso. Evidentemente, la ventaja de contar con un tiempo tan limitado es que, en la mayoría de los casos, siempre se va al grano.

Una de las formas más positivas que he visto a la hora de acercar al estudiante a distintos aspectos del mundo profesional es mediante un nuevo concepto de ejercicio. La importancia de realizar estos ejercicios de forma adecuada recae sobre dos aspectos: por una parte, uso y conocimientos de herramientas adecuadas. Este apartado corresponde a la parte formativa del traductor, en la que se recalca la importancia de documentarse mediante herramientas y recursos fiables; a la vez que se destaca la importancia de utilizar las herramientas de ofimática y traducción asistida adecuadas para aumentar nuestra productividad.
Por otra parte, transformar el concepto convencional de «ejercicio» como algo artificial y repetitivo hacia algo más real. En otras palabras, elaborar ejercicios que simulen encargos de traducción real, teniendo en cuenta aspectos como número de palabras al día, elaboración de presupuestos, contacto con el cliente, etc.

En líneas generales, para estar en contacto con un ritmo de trabajo similar al de entornos profesionales, resulta útil emular todas las fases del proceso, en lugar de centrar nuestra atención sólo en el resultado final del producto traducido. Sobre todo, ejercicios de este tipo obligan al estudiante a llevar a cabo toda y cada una de las competencias del traductor. A largo plazo, el conocimiento del proceso, método y herramientas normalmente utilizadas supondrá una ventaja de cara al mercado laboral.

Actitud

Una actitud totalmente derrotista hacia la profesión. Esto, en mi opinión, es algo altamente peligroso a la par que contagioso. En el mero transcurso de dos meses, ya son los propios alumnos los que se lamentan y hacen eco de pensamientos enunciados hasta la saciedad. En  lugar de tomar iniciativa, nos conformamos con la realidad tal y como es: ya veremos si acabo en esto, ya veremos si hago lo otro, ya empezaré otra cosa. Entre otras cosas, esto es evidencia de que no marcamos pautas claras —ni al empezar ni al finalizar— por lo cual nunca alcanzamos objetivos concretos.

Es necesario estar en un contacto constante con la realidad. El camino es largo y duro, pero no imposible. Parte del camino consiste en errar y reinventarse. Lo cierto es que es probable que un camino de baches y dificultades nos conduzca hacia algo que finalmente funcione. Al menos, será más probable que si te quedas de brazos cruzados.

Para terminar, y de cara al 2012, me quedo con la siguiente frase del gurú Seth Godin:

Remarkable work often comes from making choices when everyone else feels as though there is no choice. Difficult choices involve painful sacrifices, advance planning or just plain guts.


¡Feliz 2012!

WolframAlpha, un motor de búsqueda distinto

Antes que nada, pido disculpas por haber dejado aparcado el blog durante estas dos últimas semanas. Como el turrón, he vuelto a casa por Navidad, y, antes de lanzarme a enumerar propósitos para el año nuevo, sigo con el mismo que ideé hace un par de meses: mantener el blog actualizado en la medida de lo posible. Así que, ¡manos a la obra!

A estas alturas, resultará más que obvio mi entusiasmo hacia las nuevas tecnologías, en concreto herramientas de productividad y web 2.0. Lo cierto es que me encanta trastear e intentar sacarle partido a nuevos recursos y aplicaciones. Muchos de los que he probado se han quedado en el tintero, otros los he incorporado gradualmente a mi flujo de trabajo. Con este fin, hoy quería hablaros de WolframAlpha, un proyecto relativamente novedoso de la mano de Stephen Wolfram.

En pocas palabras, podríamos definir WolframAlpha como un motor de búsqueda de conocimiento computacional. Al oír la expresión «motor de búsqueda» nuestro primer impulso es pensar en el todopoderoso Google y pasar página. Y lo entiendo: soy de las más escépticas en probar herramientas que responden a una necesidad que ya ha sido cubierta por otros espacios, pero este no es el caso. Al ser un motor de búsqueda de conocimiento computacional, los resultados que obtenemos se generan en forma de respuestas, en lugar de vínculos. Dicho de otro modo, lo común hasta ahora ha sido obtener resultados en base a páginas webs indexadas en motores de búsqueda y su porcentaje de coincidencia con el término (o términos) empleados. No obstante, el objetivo de WolframAlpha es proporcionar respuestas en base a datos objetivos seleccionados por expertos.

A partir de este concepto, el potencial de esta herramienta en todos los campos es innumerable. Si bien es cierto que  parece tener una proyección clara hacia campos como la física o la matemática, no deja de ser un recurso muy interesante para recopilar datos, responder preguntas, comparar palabras, etc. Para acercar más al usuario a este nuevo concepto, WolframAlpha recopila una serie de ejemplos de búsquedas ordenados por temática.

Su funcionamiento es sencillo. De hecho, funciona del mismo modo que, alguna que otra vez, habremos preguntado a Google cosas como «pulgadas a centímetros». Por lo general, es recomendable realizar nuestra pregunta en los términos más sencillos posibles (en inglés sólo, por ahora). A partir de estos términos, WolframAlpha calculará y generará la respuesta adecuada. Obtenido el resultado, podemos guardarlo en distintos formatos (imagen, PDF o texto), así como acceder a las fuentes correspondientes. Suena bien, ¿no?

Todavía sigo investigando el potencial de esta herramienta; no obstante, me gustaría destacar una serie de ejemplos que podrían llegar a ser útiles en el día a día del traductor.

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Construyendo nuestro perfil como traductor: primeros pasos

La semana pasada, comentaba las distintas posibilidades de adquirir experiencia como traductores noveles. Aun así, es más probable que la pregunta sea otra: ¿qué ocurre cuando estamos en el limbo traductoril del desempleo?

La respuesta, me atrevería a decir, es seguir reinventándose. Si somos traductores con poca o ninguna experiencia, y, por el momento, sin perspectiva a adquirirla, algo falla. O, mejor dicho: algo falta. La falta de experiencia es una carencia difícilmente reemplazable, pero no nos desanimemos, no todo acaba ahí.

Empecemos por identificar nuestras carencias como traductores, además de la ya mencionada experiencia. Al fin y al cabo, si no es por experiencia, debemos empezar por destacar otros méritos. La buena noticia es que, como traductores, podemos elegir entre un amplio abanico de campos en los que especializarnos. Dicho de otro modo: parte de nuestro trabajo radica en un continuo proceso de aprendizaje. Asimismo, la formación de un traductor no se limita a sus áreas de especialización (aunque, por supuesto, sea un factor importante), sino también a su polivalencia en distintas destrezas.

Para que nuestros esfuerzos den resultados, es imprescindible contar con un plan. Hablo de un plan con el que, con suerte, acabará desembocando en nuestro primer trabajo. ¿Cómo? La clave de este plan llama a nuestra capacidad multitarea: en concreto, a seguir formándonos mientras persistimos en la búsqueda de empleo. Una cosa no quita la otra. En cuanto a la búsqueda de empleo, pongámonos como objetivo buscar una media de 10 agencias o posibles clientes por semana.

Dependiendo de nuestro perfil, la otra parte de nuestra lista de tareas podría incluir algunas de las siguientes propuestas:

Construir una buena presencia online

Hazte ver por encima del resto y aumenta tu presencia online mediante estrategias SEO (es decir, que aumenten nuestra visibilidad en buscadores). Elige entre blog o página personal. O ambos, ¿por qué no?

  • En el proceso, probablemente aprendas nociones básicas de maquetación de páginas web (HTML/CSS). Asimismo, desarrollarás conocimientos prácticos en el manejo de plataformas como WordPress o Blogspot.
  • Si optas por crear (y mantener) un blog, pondrás en práctica tu capacidad de síntesis, investigación y análisis, a la vez que compartirás información de aquello que más te guste.

Pulir al máximo tu CV, tanto en formato digital como en papel

Trabaja siempre en base a una plantilla pero no olvides personalizarla dependiendo del trabajo al que quieras optar.

  • Por supuesto, esto también significa tener disponible el CV en las distintas combinaciones lingüísticas en las que trabajemos. Ojo, no es sólo cuestión de traducirlo, sino también de adaptar su formato conforme a las distintas convenciones por país. Típico ejemplo: no debemos incluir foto en un CV destinado al mercado laboral estadounidense, pero sí es recomendable dentro del mercado laboral español. Marta Stelmaszak de WantWords nos ofrece una serie de consejos sobre cómo elaborar nuestro CV como traductores (en inglés).
  • A la hora de personalizar tu CV como traductor, puede ser buena idea tener disponibles distintas plantillas acorde al sector: un CV para traducción audiovisual, otro para localización, otro para gestión de proyectos… Aunque, probablemente, este sea un consejo más aplicable para los ya establecidos en el mercado.
  • Del mismo modo, ten siempre a punto tu perfil en redes profesionales (LinkedIn, ProZ, TranslatorsCafé, etc.). Al tratarse, básicamente, de un CV en formato digital, intenta hacerlo lo más dinámico posible: añade secciones a tu perfil de LinkedIn; conecta tu perfil con otras redes sociales; pide recomendaciones, etc.

Establecer contactos

Las redes sociales profesionales no están sólo para presentar nuestro CV al mundo: participa en discusiones, aporta ideas y aprende de otros profesionales del sector. Nuestra presencia online debería basarse una relación bidireccional para que de frutos.

  • Otra posibilidad a considerar es unirse a asociaciones profesionales de traductores e intérpretes. Ejemplos: ASETRAD, APETI, FIT, etc.
  • O asistir a encuentros y conferencias. La agenda del traductor, elaborada por Elizabeth Sánchez León, es una buena manera de estar al día de todo tipo de eventos traductoriles.

Invertir en tu profesión

Ya lo hemos dicho al principio: si dejas de aprender, es probable que tu carrera como traductor se estanque. Además, y dicho sea de paso, acabas de empezar, por lo que tienes mucho que aprender.

  • Primero, investiga el mercado laboral, lee ofertas de empleo y selecciona los requisitos más demandados (sí, sí, aparte de experiencia).
  • Auto-evalúate y considera qué requisitos cumples y cuáles no: ¿falta de conocimiento en herramientas TAO? ¿Herramientas de ofimática? ¿Especialización?
  • Busca la formación adecuada para suplir estas carencias. No descartes la formación en su modalidad online.

No esperes un resultado inmediato

De hecho, muchos traductores autónomos hablan de la traducción como una actividad a tiempo parcial. No esperes establecerte desde el primer momento como traductor a jornada completa.


Para empezar, creo que no está mal plantearse toda y cada una de estas cuestiones. No obstante, seguro que me dejo muchas en el tintero: ¿se os ocurre alguna más para la lista?

Buscando experiencia

Ayer, revisando Twitter, me topé con esta entrada de Pedro Márquez en su blog En la punta de la lengua. No decía nada novedoso, pero sí algo que, en mi opinión, merece la pena recordar dentro y fuera de las aulas: «no hay que tirar la toalla». Seguro que a muchos os chirrían los oídos de escuchar algo tan cliché, pero no deja de ser menos cierto. Siguiendo el hilo de su propio argumento, no va a suceder nada si nos quedamos de brazos cruzados, lamentándonos una y otra vez de lo difícil que es. De acuerdo: lo es. ¿Ahora qué?

Hablando desde mi propia experiencia, empecé este máster con la esperanza de redirigir mi estudios a algo más práctico, como la traducción. Una vez me puse en situación, descubrí algo todavía más obvio: hay muchísimos egresados en Traducción e Interpretación que comparten mi misma combinación lingüística y con una formación más especializada (en concreto, 5 años más especializada) que la mía. «La primera en la frente», pensé. Asumido esto, me volví a preguntar: ¿ahora qué?

Ahora hay que buscar la forma de hacerlo funcionar.

Poco a poco, me he ido dando cuenta de que mi formación, aunque no especializada en Traducción, puede ser revaluada e incluso empleada como ventaja. Todo lo demás, lo que yo consideraba carencias (en el método, técnicas, tecnologías, etcétera) lo estoy aprendiendo. Lo que no sepa, lo aprenderé por cuenta propia, a paso firme. ¿Cómo?

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